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Artículo: Cómo hidratar ojos con lentillas sin molestias

Cómo hidratar ojos con lentillas sin molestias

Cómo hidratar ojos con lentillas sin molestias

Notas que la lentilla empieza a molestar a media tarde, parpadeas más de la cuenta o sientes una ligera arenilla al mirar una pantalla. No siempre significa que la lentilla sea inadecuada: muchas veces es una cuestión de hidratación, ambiente o rutina de uso. Saber cómo hidratar ojos con lentillas ayuda a recuperar esa sensación de comodidad que debería acompañarte desde que te las pones hasta que te las quitas.

La sequedad ocular con lentillas es frecuente, sobre todo si trabajas muchas horas con ordenador, usas aire acondicionado, conduces o pasas tiempo en espacios con calefacción. La buena noticia es que hay medidas sencillas y seguras para aliviarla. La clave está en no improvisar con los ojos.

Cómo hidratar ojos con lentillas de forma segura

Si tienes sequedad mientras llevas las lentillas, utiliza gotas lubricantes o lágrimas artificiales indicadas expresamente para usuarios de lentes de contacto. En el envase debe especificarse que pueden aplicarse con las lentillas puestas. Estas gotas aportan humedad a la superficie ocular y pueden ayudar a que la lente se mueva correctamente sobre el ojo.

No todas las gotas sirven. Algunos colirios para quitar el enrojecimiento no están pensados para hidratar y pueden provocar más molestias si se usan de forma continuada. Tampoco conviene recurrir a gotas que tengas abiertas desde hace meses o compartirlas con otra persona. Si vas a necesitarlas a menudo, las lágrimas artificiales sin conservantes suelen ser una opción especialmente cómoda para ojos sensibles, aunque siempre es recomendable seguir la indicación de tu óptico-optometrista u oftalmólogo.

Unas pocas gotas pueden aliviar una molestia puntual, pero no deberían convertirse en la única solución si el problema se repite cada día. Cuando necesitas lubricación varias veces durante la jornada, toca revisar la causa: la pauta de uso, el tipo de lentilla o el cuidado de la superficie ocular.

Parpadea de forma consciente frente a las pantallas

Cuando estamos concentrados en una pantalla, parpadeamos menos y de manera incompleta. Eso hace que la lágrima se evapore antes y que la lente se note más seca. No es necesario dejar de trabajar ni mirar el móvil, pero sí introducir pequeños descansos visuales.

Cada 20 minutos, mira durante unos segundos a un punto lejano y realiza varios parpadeos completos, sin apretar los párpados. Es un gesto discreto que ayuda a repartir la lágrima sobre el ojo. También puede servir bajar ligeramente la pantalla para no mantener los ojos tan abiertos, una posición que favorece la evaporación.

Bebe agua, pero no esperes un efecto inmediato

Mantener una hidratación general adecuada favorece el bienestar del organismo, incluidos los ojos. Sin embargo, beber un vaso de agua no va a solucionar al instante una lentilla seca. Para una molestia inmediata, las gotas compatibles y un descanso de las lentillas son medidas más directas.

Lo que sí conviene es evitar que la deshidratación se sume a otros factores, como muchas horas de pantalla, ambientes secos o poco descanso. Llevar una botella de agua contigo puede ayudarte a mantener una rutina más regular, especialmente en días de calor o actividad intensa.

Hábitos que evitan que las lentillas se resequen

La hidratación no empieza cuando aparece la molestia. Una rutina correcta reduce bastante la sensación de sequedad y evita que el final del día se convierta en una cuenta atrás para quitártelas.

En lentillas mensuales, la limpieza es decisiva. Frótalas y acláralas según las instrucciones del líquido de mantenimiento, utiliza siempre solución nueva en el estuche y deja que se desinfecten el tiempo indicado. Rellenar el líquido usado o aclarar las lentes con agua puede favorecer depósitos e irritación, además de aumentar riesgos para la salud ocular.

El estuche también necesita atención. Vacíalo, acláralo con solución para lentillas - nunca con agua del grifo - y déjalo secar al aire boca abajo en una superficie limpia. Debe sustituirse con regularidad. Es un detalle pequeño, pero una lente limpia suele sentirse más cómoda.

Con lentillas diarias, la rutina es aún más simple: estrena un par nuevo cada día y tíralo al retirarlo. Al no reutilizarlas, se reduce la acumulación de depósitos que puede afectar a la comodidad. Para personas con tendencia a los ojos secos, este formato puede ser una alternativa práctica, aunque depende de la graduación, la frecuencia de uso y el presupuesto.

Elige una lentilla que acompañe a tus ojos

No todas las lentillas ofrecen la misma sensación al final de la jornada. El material, el contenido de agua, la permeabilidad al oxígeno y el diseño influyen en el confort. Aun así, no existe una lente ideal para todo el mundo: una opción que le funciona bien a un amigo puede no ser la más adecuada para ti.

Si notas sequedad recurrente, conviene consultar con un profesional de la visión antes de cambiar de graduación o de marca por tu cuenta. Podrá valorar si necesitas una lentilla diaria, mensual o una gama diseñada para usuarios con ojos secos. Las lentillas con buena transmisión de oxígeno pueden resultar una opción interesante para quienes pasan muchas horas con ellas, pero deben respetarse siempre los tiempos de uso y reemplazo recomendados.

En OpticVue, por ejemplo, existen opciones como HydroPlus, orientadas a quienes buscan una sensación de hidratación más duradera. La elección debe partir siempre de una adaptación profesional y de tus necesidades reales: no es igual llevar lentillas algunas horas para hacer deporte que usarlas durante toda una jornada laboral.

No alargues el uso para aprovecharlas más

Dormir con lentillas cuando no están prescritas para ello, usarlas más días de los indicados o superar las horas recomendadas puede empeorar la sequedad. También incrementa la probabilidad de irritación e infecciones. Una lentilla mensual no dura 30 usos: dura un mes desde que la abres, siguiendo su pauta de mantenimiento.

Si al final del día tus ojos están cansados, alternar algunos momentos con gafas puede marcar una diferencia. No es renunciar a las lentillas, sino dar descanso a la superficie ocular cuando lo necesita. Tener unas gafas graduadas actualizadas es una buena idea incluso si usas lentillas a diario.

Errores que pueden empeorar la sequedad ocular

Hay soluciones rápidas que parecen inocentes, pero no son seguras. Nunca humedezcas una lentilla con saliva, agua del grifo, agua embotellada ni suero fisiológico que no esté indicado para lentes de contacto. El agua puede contener microorganismos y el suero no desinfecta ni sustituye al líquido de mantenimiento.

Tampoco uses el líquido de lentillas como si fueran gotas oculares. Su función es limpiar, aclarar y desinfectar, no lubricar el ojo. Si la lente se ha quedado seca, está dañada o se ha contaminado, no intentes recuperarla con agua o líquido viejo: sigue las indicaciones del fabricante y, si tienes dudas, utiliza un par nuevo.

El maquillaje también merece cierta atención. Ponte las lentillas antes de maquillarte y retíralas antes de desmaquillarte. Así reduces la posibilidad de que partículas de máscara, sombra o crema entren en el ojo y se adhieran a la lente. Si usas laca o aerosol, cierra los ojos y aléjate unos segundos antes de abrirlos.

Cuándo dejar de usar las lentillas y pedir ayuda

La sequedad leve y ocasional suele mejorar con una buena rutina, descansos y lubricación adecuada. Pero hay síntomas que no conviene normalizar. Quítate las lentillas y consulta con un profesional si aparece dolor, ojo muy rojo, sensibilidad intensa a la luz o visión borrosa que no mejora al retirarlas.

También conviene pedir revisión si la sensación de cuerpo extraño persiste, si hay secreción o si una lentilla empieza a molestar de forma habitual aunque esté nueva y limpia. Forzar el uso porque necesitas ver bien no es la solución: ponte las gafas y deja que revisen qué está ocurriendo.

Cuidar la hidratación ocular no consiste en aguantar hasta que la molestia desaparezca. Lleva siempre gotas compatibles si las necesitas, respeta el recambio de tus lentes y escucha las señales de tus ojos. La lentilla correcta y una rutina sencilla pueden hacer que vuelvas a olvidarte de que la llevas puesta.

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