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Artículo: Qué hacer ante irritación ocular con lentillas

Qué hacer ante irritación ocular con lentillas

Qué hacer ante irritación ocular con lentillas

Una lentilla que de repente se nota, un ojo rojo al final del día o esa sensación persistente de arenilla no son molestias que convenga normalizar. Saber qué hacer ante irritación ocular ayuda a aliviar el problema a tiempo y, sobre todo, a evitar que una incomodidad leve se convierta en una lesión que te obligue a dejar las lentillas durante días.

La regla más sencilla es clara: si el ojo molesta, pica, escuece o se enrojece mientras llevas lentillas, retíralas. No intentes aguantar hasta la noche ni compenses la molestia parpadeando más. Tus ojos no deberían “acostumbrarse” a unas lentillas incómodas.

Qué hacer ante irritación ocular paso a paso

Empieza por lavarte y secarte muy bien las manos. Después, retira la lentilla con cuidado y no vuelvas a ponértela de inmediato, aunque al sacarla notes una mejoría rápida. Si usas lentillas diarias, deséchala. Si son mensuales, guárdala en un portalentes limpio con líquido específico, pero no la reutilices hasta que el ojo esté completamente recuperado y sepas qué ha causado la irritación.

Una vez retirada, observa cómo evoluciona el ojo durante las siguientes horas. Puedes usar lágrimas artificiales sin conservantes para aliviar la sequedad y ayudar a arrastrar pequeñas partículas. Descansa de pantallas si notas el ojo cargado y evita frotarlo: al hacerlo puedes empeorar la inflamación o causar una pequeña lesión en la córnea.

No uses colirios antibióticos, anestésicos ni gotas “blanqueadoras” por tu cuenta. Tampoco apliques manzanilla, infusiones o remedios caseros. Aunque parezcan suaves, no son estériles y pueden empeorar la irritación. Para las lentillas, utiliza siempre la solución recomendada y nunca agua del grifo, saliva o suero casero.

Si la irritación apareció tras maquillaje, crema facial, polvo o humo, limpia la zona externa del párpado con suavidad y evita esos productos hasta identificar el desencadenante. Si ha entrado un producto químico en el ojo, la prioridad cambia: aclara de inmediato con abundante agua limpia durante al menos 15 o 20 minutos y busca atención médica urgente, aunque después parezca que el ojo está mejor.

Las causas más habituales cuando usas lentillas

La irritación ocular no siempre tiene una única explicación. A veces se debe a una lente dañada, a una mota de polvo o a un día de muchas horas frente al ordenador. En otras ocasiones, revela que el tipo de lentilla, la rutina de uso o el líquido de mantenimiento no se ajustan bien a tus ojos.

La sequedad es una causa frecuente. Al trabajar con pantallas parpadeamos menos y la película lagrimal se evapora con mayor rapidez. El resultado puede ser visión fluctuante, sensación de arenilla y una lentilla que se mueve o parece pegada al ojo. El aire acondicionado, la calefacción, el viento, el tabaco y algunas épocas de alergia también pueden acentuarlo.

También conviene revisar los tiempos de uso. Dormir con lentillas que no están indicadas para ello, superar las horas recomendadas o estirar la vida útil de unas mensuales aumenta el riesgo de incomodidad e infección. Una lentilla mensual no dura “hasta que se vea bien”: debe sustituirse en la fecha indicada desde su apertura, incluso si no la has usado todos los días.

Otro motivo habitual es una graduación o adaptación que necesita revisión. Si siempre notas peor un ojo, la lentilla se desplaza, ves borroso o la molestia se repite al estrenar cada pack, no lo resuelvas cambiando de marca al azar. Un óptico-optometrista u oftalmólogo puede comprobar si necesitas otro material, diámetro, curvatura o pauta de uso.

Cómo distinguir una molestia leve de una señal de alerta

Un ojo algo seco que mejora al retirar la lentilla y aplicar lágrimas artificiales suele poder vigilarse durante unas horas. Aun así, no vuelvas a usar lentillas hasta que estés sin síntomas. Reanudar el uso demasiado pronto puede reactivar la irritación, especialmente si la superficie del ojo sigue sensible.

Hay situaciones en las que no conviene esperar. Consulta con urgencia a un profesional sanitario si tienes dolor intenso, sensibilidad marcada a la luz, visión borrosa que no se aclara al retirar la lentilla, secreción espesa, hinchazón importante o un ojo muy rojo. También si notas una mancha blanca en la córnea, si has sufrido un golpe o si los síntomas empeoran en lugar de mejorar.

En usuarios de lentillas, una infección corneal puede avanzar con rapidez. Por eso, dolor y ojo rojo no deben tratarse como una simple sequedad, sobre todo si aparecen en un solo ojo. Lleva contigo las lentillas, el estuche y el líquido que estabas utilizando si el profesional te lo solicita, pero no te las pongas para acudir a la consulta.

Evita que la irritación vuelva a aparecer

Prevenir suele depender más de la rutina que de soportar una lente “un poco incómoda”. Respeta la frecuencia de recambio, no compartas lentillas y evita dormir o ducharte con ellas, salvo que tu especialista haya indicado expresamente otra pauta. El agua, incluida la de piscina, mar, jacuzzi o ducha, puede contener microorganismos que no deben entrar en contacto con las lentillas.

Si usas mensuales, renueva el líquido del portalentes cada día y deja que el estuche se seque al aire, boca abajo, entre usos. No rellenes el líquido viejo ni uses una solución caducada. El portalentes también se reemplaza periódicamente: es una pieza pequeña, pero acumula residuos y puede afectar a la higiene de la lente.

Para quienes pasan muchas horas con pantallas, ayuda hacer pausas visuales breves y conscientes. Mira a lo lejos, parpadea varias veces de forma completa y no esperes a que el ojo esté muy seco para descansar. Tener gafas graduadas a mano también es una buena idea para alternar cuando el día se alarga más de lo previsto.

La elección de lentilla importa. Las diarias son prácticas si buscas estrenar una lente limpia cada mañana y reducir pasos de mantenimiento. Las mensuales pueden resultar convenientes para un uso constante, siempre que sigas una higiene rigurosa. Si la sequedad es recurrente, busca opciones diseñadas para aportar hidratación y consulta cuál encaja con tu graduación y tus hábitos. En OpticVue puedes encontrar alternativas diarias y mensuales pensadas para necesidades visuales concretas, pero la comodidad debe seguir siendo el criterio principal.

Antes de volver a ponerte lentillas

Espera hasta que el ojo esté blanco, cómodo y con visión normal. Si la molestia fue leve y desapareció por completo, usa una lentilla nueva si llevas diarias. Con lentillas mensuales, solo reutiliza la lente si está intacta, bien desinfectada y no hay dudas sobre su limpieza. Ante la mínima sospecha de suciedad, rotura o depósito, deséchala.

Si el episodio se repite, no lo conviertas en parte de tu rutina. Anota cuándo aparece, cuántas horas llevabas las lentillas, si estabas ante una pantalla y qué líquido o producto habías usado. Esa información puede ayudar a detectar el origen y a encontrar una solución más cómoda.

Cuidar tus ojos no significa renunciar a las lentillas a la primera molestia. Significa escuchar las señales, retirar la lente cuando toca y pedir revisión cuando el ojo no mejora. La mejor lentilla es la que te permite ver bien sin hacerte pensar en que la llevas puesta.

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